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El Chorro en Málaga 2017-08-18T13:20:41+00:00

El Pantano de El Chorro en Málaga

La estación de El Chorro en Málaga, en cuya explanada se sitúa el Complejo Turístico Rural La Garganta, está integrada en la primera línea ferroviaria de nuestra provincia. Forma parte de la historia de Málaga, por entonces centro fabril y comercial muy importante al que el ferrocarril traía nuevas esperanzas. Actualmente esta estación recibe gran número de pasajeros con destino a el Caminito del Rey, ya que es desde aquí dónde se coge el bus lanzadera que lleva hasta la entrada del recorrido.

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“El Avisador de Málaga” destacaba así, en 1860, la importancia de la línea ferroviaria:

Al principio fue un deseo. Hoy era una necesidad. Hoy, teniendo por levante y por poniente los ferrocarriles de Alicante y Sevilla, Málaga caminaba a su decadencia; el comercio comenzaba a alejarse de nuestro puerto, y el valor de nuestras exportaciones iba a perjudicarse por falta de exportación al interior. Con medio siglo más en este estado, Málaga hubiera quedado convertida en una aldea de grandes recuerdos.

Estación de Tren de El Chorro

El desolado panorama industrial de la Málaga actual se contrapone con la importancia productiva de la capital y sus alrededores en el siglo XIX, y muy especialmente en su segunda mitad, cuando era el segundo núcleo industrial de España, aventajado sólo por Barcelona. A mediados del siglo XIX, Málaga era una ciudad de 80.000 habitante, activa económica, social y culturalmente. El tráfico de su puerto marítimo superaba los dos mil barcos nacionales y los cuatrocientos extranjeros, situándose a la cabeza de los puertos andaluces y formando parte de los más activos de Europa. Málaga producía el 72 % del total del hierro nacional, contaba con una importante producción de hilados y tejidos, tenía industria química, litográfica, de curtidos, fábricas de hilados y tejidos, azucareras, producción de aceites, vinos y licores y de otros productos alimenticios.

La prosperidad de la ciudad venía de la confluencia de varios factores:

  • Por una parte, la riqueza agrícola de la zona del Chorro. Desde 1760, una importante alza de precios agrícolas había permitido la acumulación de capitales y un aumento considerable de la actividad mercantil, renacida tras el paréntesis de la Guerra de Independencia.
  • Por otro lado, y relacionada con esta bonanza agrícola, la presencia en Málaga de una incipiente y activa colonia de inmigrantes, extranjeros en su mayoría, deseosos de hacer negocios. Se unen ineludiblemente a la historia local apellidos como Petersen, Loring, Livermore, Crooke, Kreisler, Scholtz, etc, y, entre los inmigrantes de origen nacional, dos familias procedentes de la zona de La Rioja que tuvieron entre sus miembros a varios protagonistas del desarrollo social y económico de la ciudad: los Heredia y los Larios.

En 1832, Manuel Agustín Heredia inauguró La Concepción, una fundición de hierro alimentada por carbón vegetal, y en 1836 La Constancia, junto al puerto de Málaga, que comenzó funcionando con el carbón mineral inglés.

Por entonces comenzaban a explotarse las minas de carbón en Bélmez (Córdoba), y Manuel Agustín Heredia y su socio Jorge Loring James compraron minas en esa localidad, con la intención de suministrar a sus industrias y de contrarrestar la competencia que podían sufrir por parte de otras compañías decididas a instalar fundiciones junto a las minas de carbón cordobesas. Añadían la pretensión de crear en Málaga un depósito de carbones con el que suministrar a todos los barcos y puertos del Mediterráneo.

Se hacía imprescindible una línea ferroviaria que uniera Bélmez con Málaga que traería el combustible para las fábricas, haría llegar semillas y abonos más baratos para la producción agrícola y llevaría al interior los productos tanto de la propia Málaga como los que desembarcaban en su puerto procedentes, principalmente, de América. Desde el punto de vista económico, el proyecto era impecable.

Lamentablemente, no pudo evitar el derrumbe industrial de Málaga en las postrimerías del XIX. La línea Córdoba- Málaga tardó en construirse más de lo deseado. Se inauguró en 1865, pero el ramal a Bélmez se retrasó hasta 1873 y no llegó a tiempo de salvar las dificultades para encontrar combustible barato que necesitaban las fundiciones malagueñas. El esplendor fabril y el empleo de muchos malagueños agonizaban con el siglo.

La Estación del Chorro

arc_176998_gFue la Sociedad del Ferrocarril de Málaga a Córdoba la que decidió su construcción y explotación. Dicha sociedad estaba encabezada por Jorge Enrique Loring, Martín Larios y Tomás Heredia. Por contrato otorgado el 30 de junio de 1860, la empresa de Vitali, Picard y Cía sería la encargada de ejecutar las obras. El terreno por el que había de tenderse el trazado ferroviario era muy accidentado, de manera que exigía una gran obra de ingeniería, sobre todo en la zona del Chorro. Fue preciso realizar diecisiete túneles, ocho viaductos y dieciocho puentes. Además de las dificultades derivadas de la orografía, el ferrocarril tuvo que solventar los problemas y retrasos causados por las expropiaciones de terrenos y los perjuicios sufridos por particulares. El Archivo Histórico de Álora cuenta con documentos que atestiguan esta afirmación y otros asuntos curiosos relacionados con la construcción del ferrocarril.

Con todo, el tramo Málaga Cártama entró en servicio en julio de 1861. Tres años después, el tren llegaba a Álora. El quince de agosto de 1865, Málaga y Córdoba quedaron unidas por ferrocarril, tras veinte años acariciando el proyecto.

Cuando se inauguró el ferrocarril, el trayecto entre la Estación de El Chorro y Málaga se cubría por dos viajes diarios de ida y vuelta, uno por la mañana y otro por la tarde. De Álora a Málaga, el viaje duraba 59 minutos, no mucho más tiempo que hoy, sobre todo, teniendo en cuenta que los trenes, por imposición legal, no podían ir a más de 30 kilómetros por hora en los tramos malos ni a más de 40 en los buenos.

La visita de la reina Isabel II en septiembre de 1862 a la exposición de productos agrícolas y de tecnologías industriales (la más importante de celebrada en Málaga en todo el s. XIX), sirvió para que la monarca inaugurara oficialmente el primer tramo del ferrocarril y también para que colocara la primera piedra del Hospital Civil en cuya puesta en marcha también había intervenido Jorge Enrique Loring Oyarzábal, cuya actuación durante la epidemia de cólera de 1854 y 55 a favor de la salud pública le valió el título de Marqués de Casa Loring.

Pero si la ciudad pudo recuperarse de la epidemia de cólera, no ocurrió lo mismo con la economía. El ferrocarril, con un apoyo gubernativo inexistente, llego tarde para la industria. Pese a todo, sirvió para hacer llegar abonos y contribuyó al resurgir de la agricultura de la vega del Guadalhorce, reconvertida al regadío cuando la epidemia de filoxera de 1879 asestó un golpe mortal a los viñedos de la provincia.

Fábrica de Harinas Santa Mariana

Antigua Fábrica de Harina - CTR La GargantaNo se conoce con exactitud la fecha de construcción de este imponente edificio que acoge parte de las instalaciones del Complejo Turístico Rural “La Garganta”. Ubicada en la Estación de El Chorro, frente el Caminito del Rey, en el término municipal de Álora, es un hermoso ejemplo de arquitectura industrial. En su libro “El patrimonio industrial de Álora”, Pablo Pérez Gómez nos cuenta como no ha sido posible datar la Fábrica más que por testimonios orales, que dan como fecha más probable de conclusión de la edificación el año 1914, y por autor del proyecto a un arquitecto alemán de nombre desconocido.

El edificio principal, donde se molía el trigo, es una nave de tres plantas. Estuvo rodeado de otras dependencias que albergaban la oficina, panadería, peso de la harina, silos para guardar el grano y viviendas para los operarios.

Siguiendo las investigaciones realizadas por Pablo Pérez Gómez, es probable que la fábrica contara con tres motores y que tuviese un curioso sistema de canalizaciones atravesando la nave que servían para transportar trigo, harina y salvado. Igualmente interesante fueron las canalizaciones de desagüe, que confluían en el centro de la nave, subterráneamente, y desde allí se exhalaban al río.

 Los Embalses de El Chorro

arc_177071_gGeográficamente, el entorno de los Embalses del Guadalhorce y el Guadalteba lo forman los siete municipios en cuyo territorio se ubican estos pantanos: Carratraca, Ardales, Teba, Campillos, Álora, Valle de Abdalajís y Antequera, aunque las lindes de las presas están en los términos municipales de Ardales, Campillos, Antequera y Teba. Toda la zona es conocida como El Chorro, aunque hay que distinguir entre los tres embalses: el del Chorro o del Conde de Guadalhorce, edificado sobre la confluencia de los ríos Turón y Guadalhorce, el del Guadalhorce-Guadalteba y la pequeña presa del Gaitanejo. El origen del Poblado del Pantano de El Chorro está en la necesidad de los obreros que disponer de un alojamiento cercano su trabajo en las obras de la presa del Conde.

Con el mismo nombre de El Chorro se conoce a la barriada del término municipal de Álora donde se ubica nuestro Complejo Turístico Rural La Garganta, en la explanada de la estación de ferrocarril del mismo nombre. A los pies de la barriada, se localiza la central del Tajo de la Encantada, y frente a ella, elevada, en la cima de la mesa de Villaverde, el contra embalse hacia el que bombea el agua usada en la producción de energía eléctrica.

De los embalses, el primero en construirse fue el pantano de El Chorro, posteriormente conocido como embalse del Conde de Guadalhorce, terminado en 1921 y al que hemos dedicado un apartado especial. Nació de la necesidad de abastecer de electricidad y de regularizar los riegos de toda la vega del Guadalhorce, cuya agricultura se vio muy mejorada por su construcción. Muy poco después, (entre 1924 y 1927), la Compañía Hidroeléctrica construyo la presa del Gaitanejo, aguas abajo de la presa de El Chorro.

Embalse Guadalhorce-Guadalteba

El caminito del rey presa y embalse del Gaitanejo el chorro | LaGarganta.com @ctrlagarganta

Las crecientes necesidades de abastecimiento de agua a Málaga capital y la aprobación en 1961 del Plan de Riegos del Guadalhorce llevan a la realización de estudios sobre cómo aprovechar más los recursos hídricos del río Guadalhorce y sus afluentes, estudios que determinan la posibilidad de construcción de un nuevo embalse, formado por una presa de hormigón, en la confluencia de los ríos Guadalhorce y Guadalteba. Por diversas cuestiones técnicas, finalmente hubo que optar por la construcción de dos presas gemelas de materiales sueltos, una en cada río, a pocos metros de su confluencia. Cuando las aguas están altas, ambas presas forman un solo embalse.

Las primeras excavaciones comenzaron en 1966 y fueron las que descubrieron los muchos problemas que para la construcción de la presa presentaba el suelo del emplazamiento previsto inicialmente. Tras modificar los proyectos tal como se explica en el párrafo anterior, se culminaron las obras que permitieron embalsar en 1971 en la presa del Guadalteba y en 1973 en la del Guadalhorce.

La construcción de estos embalses supuso la inundación de algunos tramos de la línea del ferrocarril, por lo que fue preciso ajustar el trazado ferroviario en 12.6 km de longitud, de los cuales 8.3 se desarrollan en cuatro túneles. Esta variante entró en servicio en enero de 1972.

También fue preciso construir tres variantes para los tramos de carretera inundados por el embalse (dos locales y uno comarcal), que tienen una longitud total de 28 km. Sin duda, el precio más doloroso que hubo que pagar por los pantanos correspondió a los habitantes del pueblo de Peñarrubia y de la barriada de la estación de Gobantes, que quedaron inundados por el embalse. La barriada malagueña de Santa Rosalía fue el lugar de destino para muchos de los vecinos desalojados por las aguas de los pantanos, aunque algunos prefirieron emigrar a Cataluña. Cada cinco años celebran una romería desde Santa Rosalía en honor a la patrona, la virgen del Rosario, cuya imagen se llevaron consigo. Desde Barcelona, salen autobuses para ese día. Hay quien no falta nunca.

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Construido sobre una antigua fábrica de harinas de comienzos del siglo XX, nuestro Complejo Turístico Rural forma parte de la historia de El Chorro y su entorno.
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